lunes, marzo 21, 2011

(D)Espacios

Paseo por el Campus. Sé que cuando entre por la puerta principal el cambio será fulgurante, tanto, que casi podría acabar conmigo: el tú se disolverá en el vaso de agua –donde nada dios, diría Manuel Vilas-, y toda la gente que me cruce pasará a tratarme de usted, pese a que yo pida lo contrario, o sea el último en haber llegado aquí, a esto que llamamos vida. Subiré tres plantas de escaleras y entraré en una sala más grande que mi casa, donde hay orden y desorden. Allí el tiempo es cosa mía. El sol me dará en el perfil izquierdo durante gran parte de la tarde. La persiana está rota y de rato en rato me entretengo haciendo un pequeño montaje para subirla o bajarla, sabiendo que a los 5 minutos el montaje será inútil. Ahora entra la verdad por la ventana del espíritu. El conocimiento está a mi servicio, y yo al suyo, durante las siguientes horas. Nadie me ha dicho cómo hacerlo. Simplemente, se ha confiado ciegamente en que el mejor criterio soy yo mismo. El mejor de los regalos. Ahora, bailo a mi gusto con el conocimiento. Puedo intentar un tango, un vals, samba o rock and roll. O puedo ensayar nuevas formas de baile. Entre rato y rato (porque en este punto, ya no cuento el tiempo) saldré de la sala, y abriré una puerta situada a unos 10 metros. Saldré a la azotea, donde la ciudad entera baila para mí. Mientras observo e inhalo, como si el humo fuera el alma, como seguramente concibieron los antiguos el tabaco, maduro las intuiciones que he tenido. Vuelvo, y las hago carne. Esto se repetirá intermitentemente. Caída la noche, irrumpirán en la sala dos señoras, con previa solicitación de licencia. Se excusarán por interrumpir mi siesta. Yo las sonreiré amablemente diciendo que no pasa nada. Es más fácil la explicación de lo esperable que la explicación de lo inesperable. Me llevaría horas mentales explicarlas que no estaba echando una siesta, sino ordenando la esencia del mundo. Serán rápidas. No llegará a un minuto lo que tardarán en salir, disculpándose nuevamente. Ellas también incurren en el exceso. En algún momento saldré de nuevo al Campus, probablemente con un café, aunque según la tarde, elijo el chocolate. Allí siento la fascinación del viaje en el tiempo. Soy un niño. No entiendo nada. Bla, bla, bla, profesor, bla, bla, bla, es posible? bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, no molestarle, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, gracias. Oigo como oyen los perros y los recién nacidos, pero con la felicidad de saber que tengo la oportunidad de sentir de nuevo cómo se va aprendiendo el mundo. De sentir lo mismo que sentí una vez, perdida, pero no era para siempre. Soy otro recién nacido. A partir de los 18 meses, aseguran los psicolingüistas, se produce la explosión lingüística y los niños comienzan a adquirir una palabra nueva cada 2 horas, ritmo que se mantiene hasta bien entrada la adolescencia. Tengo 18 meses. Sé que en unos meses habré de llegar de nuevo a la adolescencia. Unos meses para estar de nuevo en el paraíso perdido. Todo está perfectamente pensado, porque para que el paraíso no se torne infierno por el exceso de horas y la sensación atrapamiento, tengo 4 espacios de tres horas en donde, tras cerrar la puerta, soy yo el que habla, y cuenta la vida, la historia, la literatura, el mundo, y cómo creé el universo, en mi lengua, quiero decir, no en mi lengua nativa, sino en mi supralengua, la que es a mi imagen y semejanza. Después, volveré a la infancia por unas cuantas horas. Felizmente. Rara vez la felicidad se desdobla. Terca en su unidad, yo gozo de tenerla desdoblada. Son mis nuevos espacios. Siempre queda un reino que conquistar. Hace unos días un amigo me decía que él, a sus 31 años, había llegado a la absoluta convicción de que es el sol el que gira alrededor de la tierra. Yo, a mi extraña edad, he llegado a la absoluta convicción de que es el sol el que gira alrededor de mí.    

1 silbidos:

creasy tales dijo...

Bonitas palabras que habitan en tu espacio común, que también es el nuestro. Recuerda que la luna gira cada día alrededor de la noche. Un abrazo iluminado.

Algunas personas nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar del amor