miércoles, marzo 02, 2011

Australopitecus sediba

Como cada año, el último de sus días no sólo lo dedicamos a seguir tragándonos los excedentes de uvas de 1909, que tan imaginativamente consiguieron librar los cosecheros de, ahora sí, hace más de un siglo y que tan bien lo hicieron, que cien años después nos las seguimos comiendo. También se da paso a las típicas recapitulaciones de conciencia, erótica, audiencias, estadísticas diversas, resúmenes de noticias del año y hierbas para parar un tren. De todos ellos, confieso que el único que me llama la imaginación es las páginas que se dedican a los avances científicos.

En una página del mundo, el periódico, los detallaban bajo el expresivo título de “Regreso al futuro”. Están allí la cepa bacteriana de las Halomonadaceae –GFAJ-1- que, como Rasputín, es capaz de tolerar altas concentraciones de arsénico y crecer en un medio sintético carente de fosfato. Es decir, un organismo que permite esperar vida donde antes no se esperaba. Está allí el Australopithecus sediba, ya no el eslabón perdido, sino el nuevo eslabón, descendiente lejano de Lucy (que se descubrió oyendo el cielo con diamantes), “mitad chimpancé mitad humano”. Está allí el nóbel al grafito (Geim y Novoselov consiguieron extraer una lámina monoatómica de grafito (la mina de un lápiz) pegando esparadrapo a un bloque de grafito y tirando bruscamente, recibiendo por ello el Nóbel de Física. Dicho sea que los materiales de tamaño atómico carecen de imperfecciones en sus redes y por tanto conducen maravillosamente la electricidad y el calor). De paso a todo esto, se hace un breve repaso de la irrupción espectacular del móvil, la World Wide Web, el láser, un descubrimiento en busca de aplicación, que hoy inunda nuestras vidas bajo formas como el lector de Cd, las impresoras, el código de barras, la energía de fusión…el LHC que busca desesperadamente el origen del universo (en relación a esto, hace diez años apunte unos breves versos en una hoja, no en relación exacta al origen, pero sí al centro del universo, algo así como “el centro del universo está en la diana”; aunque más enigmática parece la definición pascaliana que tanto repetía la filosofía secular de que “Dios es una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”); los exoplanetas; Michio Kaku y su –nuestro- multiverso, etcétera etcétera.

El científico del Centro Nacional de Biotecnología y expresidente del CSIC Carlos Martínez señala:
    
Sostienen algunos sociólogos que la mayor parte del conocimiento adquirido por la humanidad se ha generado en los últimos 30 años y nos permite postular que nos encontramos ante un nuevo Renacimiento, que sí a partir del siglo XVIII dio paso a la revolución industrial y a la era contemporánea, hoy nos permitiría resolver gran parte de los problemas que afectan a la humanidad

       Es rigurosamente cierto. Sólo hay un matiz que se omite, y que es esencial. El biblioclasmo. La destrucción de bibliotecas (no se pierdan el espectacular y borgiano en su título “Historia universal de las bibliotecas destruídas”, el mejor libro escrito sobre este tema, según Chomsky, el hombre como un lobo para el libro). No cabe duda de que en estos 30 años de gracia está involucrado como primer protagonista la expansión omnímoda del conocimiento. Quiero decir, de otra forma, que si el hombre no se hubiese dedicado a destruir, con endiablado ahínco e inadjetibable estupidez, libros y bibliotecas masivamente durante los siglos pasados, y con ellos el conocimiento una y otra vez, cada valerosa y nueva huella que nos hubiese permitido seguir avanzando en vez de perdernos y comenzar de nuevo el camino, esos 30 años, ese Renacimiento, hubiese sucedido hace siglos, que volar hubiese sido algo que Leonardo da Vinci hubiese visto por televisión, que la sobrina de Newton hubiese llamado inmediatamente a su tío con el móvil para ver si se encontraba bien tras el supuesto golpe recibido por la manzana en la cabeza, y ya de paso no le hubiese venido mal un pequeño escáner cerebral que le hubiese permitido seguir trabajando tranquilo (no para tranquilidad suya, sino de sus coetáneos), que ya no sería hoy cuando un niño puede convertirse en Platón con internet, como alguien aseguraba en un periódico, sino que Platón mismo hubiese buscado fuentes y más fuentes en internet, que lo de ser invisibles, lo de la mejor arma para contrarrestar la bomba atómica, que como dijo Einstein es la paz, y los exoplanetas, serían cosas de la Edad Media, y que sin duda hoy ya habríamos comenzado a comprender algo del amor.       
            

1 silbidos:

Rocío dijo...

Y, quizás, yo podría ir hasta mi pueblo para buscar un gorrión entre la niebla sin necesidad de avión, sólo con chasquear los dedos o frotándome las manos.
Magnífica exposición.
Un entrelosbrazos

Algunas personas nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar del amor