Hace un tiempo, cuando quería saber qué tipo de arte realizaba una persona, seguía el consejo de Cortázar, aquello de que cuando quieras saber qué tipo de literatura hace alguien no le preguntes por sus lecturas ni por sus páginas, sino cuál es su idea de paraíso. Así que, si la circunstancia derivaba en asunto tan temible, yo me dedicaba a preguntar la idea de paraíso de la gente. No siempre directamente, se entiende.
Últimamente, me gusta ver si las personas entienden las cosas que saben o no. Para ello, sigo el consejo de Einstein. No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela. Y le pregunto a la gente cuántas cosas sería capaz de explicarle a su abuela.
Por supuesto, yo soy mi primer juez y mi primer sospechoso. Compruebo las cosas que sería capaz de explicarle a mi abuela. Y cuando encuentro una que no sería capaz, sé que toca trabajar.
El otro día me preguntaba si sería capaz de explicarle la poesía a mi abuela. De nuevo una frase de Einstein me dio la respuesta: como no sabía que era imposible, lo hice.
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