Observando pacientemente a las lagartijas durante años descubrió el secreto de la regeneración. Procedió a ponerlo en práctica. Se arrancó una mano. Le salió otra mano. Se arrancó un brazo. Le salió otro brazo. Se arrancó una pierna. Le salió otra pierna. Se arrancó los ojos. Le salieron dos ojos. Se arrancó una oreja. Le salió otra oreja. Se arrancó las vísceras. Le salieron nuevas vísceras. Se arrancó el corazón. Le salió otro corazón. Se arrancó el alma. Le salieron dos alas.
miércoles, diciembre 15, 2010
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