Elaboró una exhaustiva lista de la compra. Cuando llegó al supermercado se dio cuenta de que todas esas cosas no cabrían en el carro. Volvió a casa. Rehizo la lista. Al llegar al supermercado comprobó que, aunque eran menos y cabrían en el carro, él solo no podría transportar todas esas cosas a mano. Regresó a casa. Simplificó la lista. Al llegar al supermercado observó que todos los productos estaban en su sitio menos los que él buscaba. Le llevaría horas encontrarlos. Regresó de nuevo a casa. Redujo la lista a las dos o tres cosas indispensables. De vuelta al supermercado vio que se habían agotado las existencias de esas dos o tres cosas a por las que había ido. Regresó a casa. Dejó la lista en blanco. Cuando llegó al supermercado había olvidado lo que tenía que comprar.
martes, noviembre 23, 2010
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2 silbidos:
Bien hecho. Nunca es tarde para olvidar.
Saludos.
Cierto, nunca es tarde para jugar con la memoria o con el olvido, esos dos inventores.
Saludos.
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