Eran hijos de todo. Así que enseñaron
a cada uno de sus descendientes
a inventar el tiempo.
Eran
el recuerdo en la mano
los cuerpos malditos que sólo entiende la aurora,
tú,
el amanecer que resbala
por una sola sombra.
Eran volver.
Y la lucha en los pies de ruinas con derecho
a estallar sobre una sola flor.
Nadie entierra nombres salvo ellos su pureza derramada.
Eran tus dedos ordenando tus ojos.
Te daré un lugar para el placer y la derrota.
Suena un reloj en la casa
¿qué casa, en qué destrucción del tiempo?
Y yo sé que aún no es hora
de ser igual que ellos.
Aún no es hora de que una
una sola palabra
se invente por tu cuerpo.
No es aún hora de que el mar deje
animales perdidos en tu torso.
Aún no. Aún no has visto
a una espiga dominando el cielo.
Aún no aquellos hombres que respiran
como ciudad de una sola calle.
Aún no has aprendido a sumar
las cosas invisibles.
Aún no son los libros de la noche.
Tu nombre aún no es lo contrario a los números.
Aún no sabes entender
cómo la arena
cómo descansas cómo
deseas
en lenguajes prohibidos.
Aún no, no sabes mover los siglos
como mueves los dedos.
No te preocupes más por el lugar de todo. Todo acabará
volviendo a su hermosura.
7 silbidos:
Hola, soy yo, ahora vivo en una isla. También hay futbolines. También hay vino. ¿Apacientas, apacentamos? Besos
Hola, también soy yo. Ahora vivo en una montaña. En un bar llamado Baila pervive el mismo futbolín desde hace 15 años. O más. El vino es un poco peor, pero sale por las fuentes. Apacentaremos. Ya hablaremos como. Besos.
pero qué grande eres, cabrón y que díficil es verte, copón.
Hola rey! Lo primero es normal, buenos maestros no me faltáis, voy a lomos de gigante. Y lo del copón, pues, si es que verdad, coño. A ver si lo solucionamos pero ya.
Pequeños círculos de abrazos.
Sencillamente genial, como tú
Un beso encantador, como tú
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