Intelectualmente, no existe cosa más aburrida que toda aquella que parte de un “nosotros no éramos así”. Pero en fin, la gente insiste. En esta guisa, escucho un diálogo entre dos profesores, uno y una. Tras la ya cansina de oír queja sobre los adolescentes, la conversación arranca con el arquetípico: “no sé, pero nosotros no éramos así”. La conversación, de tuya-mía, te desmarcas y te la pongo, prosigue con unos “es que cualquiera se pone a tener hijos”, “sí, sí, es verdad, es que deberían exigir un carnet para poder ser padre”, “porque los padres”, “claro, porque los padres”, “`porque hala, llegan con treinta años, sin tener ni puta idea de nada, y dicen, venga, vamos a ser padres, y hala, a tener hijos, que es lo que importa”. Y para redondear todo esto, la gota que colma no ya el vaso, sino el botellón, porque eso ya era embriaguez, ella se destapa con un soberbio “sí, sí, es que es verdad, jolín, oye, se ponen a tener hijos hala, así, como si nada, venga, vamos a tener hijos, creyéndose que todo consiste en eso, en lo que decía el refrán ese, ¿no?, cómo decía, eso de tener un hijo, escribir un libro y plantar un pino”
¡Toma genoma! Pues hombre -digo yo, que al lado todo lo escuchaba, no porque quisiera-, por lo menos, de las tres cosas, una la podemos empezar a ir haciendo ya desde niños, por ir practicando, más que nada. O sea.
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