Desde la antigüedad
hasta la época del ADN
son muchos los poetas que han pasado
gran parte de sus días en la cárcel.
No es necesario enumerarlos. Todos
sabemos quiénes son.
Hombres extraordinarios que tocaban
el espíritu con las manos
condenados sin más
a contar un segundo y luego otro
y luego, quizá, otro.
En los últimos años, ahora que son libres,
que una cultura insospechada
les devolvió sus llaves, parece que
los poetas han decidido
volver por voluntad propia a la cárcel.
Pero ahora lo hacen de otra forma:
vuelven para mandar.
Muchos –y entre ellos les cuento a muchos
por amigos- se han hecho funcionarios
de prisiones, y ahora ellos son
quienes vigilan a los reos.
Quiero pensar que hay algo de justicia poética,
de justicia secreta en ello.
Han vuelto y no para contar el tiempo
como burdas migajas desoladas.
Ahora ellos son el tiempo.
Ya no son como el Cristo
quien, en presencia de Pilatos,
con su corona ensangrentada
y su túnica extraña,
haciéndoles reír a todos los romanos,
se convirtió en el primer bufón
místico de la historia.
Ahora ellos son el tiempo.
Pero también hay algo
en este hecho que me asusta.
Cuando leo a Anne Carson:
qué haré con mis seiscientas alas?
rezo porque no hayan olvidado
la respuesta, aquella que durante
siglos nos hemos ido transmitiendo en secreto
de iniciado a iniciado.
Mut nem a los noc.
Madre, desde aquí puedo ver la lluvia*
viernes, octubre 01, 2010
[]
Publicado por
David Vegue
en
01:07
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3 silbidos:
VEGUE, coincido contigo, de hecho a uno de esos hombres que cambian los sueños por números le dije que siempre lo habia imaginado abriendo una carcel, riendo y viendo como huian los presos.. algo asi como el final del alguien volo sobre el nido del cuco....
seguimos en la brecha veguito no nos salvamos, claro
tu luso amigo
Hola, entré a tu blog por casualidad. Me pareció muy bueno, no quería salir sin felicitarte.
Un abrazo desde Argentina.
Aprovecho para invitarte a mi blog que es de literatura.
Humberto.
www.humbertodib.blogspot.com
Seguimos en la brecha!! Pues eso, ahí seguimos...
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