viernes, septiembre 03, 2010

3 Negaciones de piedra



De todos es sabido que el más cabezón de los apóstoles (el Brujo dixit), Pedro, tuvo que negar tres veces para salvar la vida. De la misma manera, para salvaguardarse de la fatiga mental los poetas se ven obligados a menudo a realizar tres tipos de negaciones. Veamos la primera. Suelo explicar a mis íntimos el método más preciso que yo he encontrado para averiguar con exactitud si estoy ante la presencia de un individuo con cierto nivel culto-cultural-intelectual o ante un todo lo contrario. Consiste en llevarlo a mi casa y subirlo a mi biblioteca. Al entrar, alternativamente, se suceden dos tipos de reacciones. Una consiste en el acercarmiento ensimismado a las estanterías por parte del visitante, previa dilatación de pupilas, entonces éste comienza a recorrer visualmente e incluso, si la timidez no lo evita, táctilmente, los anaqueles y los lomos de los libros, y si es animoso o la circunstancia se presta, incluso los índices y los interiores. Suele suceder esto sin mediar más de dos o tres azarosas palabras. El visitante entonces se tomará un tiempo indeterminado, que va desde los pocos segundos hasta las varias horas o las repetidas voluntarias visitas en días distintos, para dejarse sorprender o embaucar por los hallazgos. Cuando sucede esta reacción el especimen es concluyente: del tipo culto medio. De ahí para arriba. Según sube en la escala las reacciones se nublan, son más difusas, son inciertas, no puede distinguirse bien si estás ante un simple individuo con cierto gusto lector o curiosidad intelectual, ante un ávido lector, un artista o un genio. Pero para eso ya hay otros métodos que se pueden utilizar más adelante. La otra reacción tampoco deja lugar a dudas. Cuando el invitado entra y, previa dilatación de pupilas, se gira y atónito te interpela con la pregunta: "¿te has leído todos esos libros?", estamos ante un ignorante de gama alta. Y aquí ocurre la primera de las negaciones. Primero uno se esfuerza en dar respuestas lógicas, del tipo: hombre, si yo entro a una carpintería no le pregunto al carpintero si ha utilizado todas esas herramientas. Se da por hecho que están ahí por si en algún momento le hacen falta. El taller es más bien un esquema mental de las posibilidades de oficio de ese carpintero. Puede que algunas herramientas las haya utilizado varias veces, que otras las utilice constantemente, y que otras no las haya utilizado nunca o casi nunca. Pero que están ahí porque puede que las necesite en algún momento para esto o para esto otro, o para cosas imprevistas. Algo así. Después uno, que va cansándose de tener que explicar la lógica que a otros les falta, comienza a ensayar respuestas más ingeniosas, irónicas o excéntricas, depende del momento y del estado de ánimo. Finalmente, cuando esta segunda fase termina también aburriendo por repetitiva, acaba llegando a la negación. Y ahí tenemos la primera negación. "¿Y te has leído todos esos libros?" No. Punto. 

Llega después la segunda de las negaciones. Es cuando a uno le hacen peticiones del tipo: "mira, es que yo también escribo, y ¿te importaría que te pasara algunos de mis poemas y me dices que opinas?". Hombre. Vamos a ver. El hobby es algo indispensable. Pero hay que saber diferenciar. Si a mi me gusta construir cochecitos de juguete, pues está fenomenal, pero no se me ocurre presentarme en un taller y pedir al mecánico que a diario trabaja manipulando motores de alta potencia que mire a ver qué le parece mi cochecito de juguete. Pues está muy mono, pero perdona, porque tengo un motor de 200 caballos que arreglar (pongamos que el caballo es la metáfora indomable). A parte de los "se sincero", o "a mi me gustan las críticas" (ésta ya es de escándalo, vamos) etcétera, finalmente, como a uno se le queda siempre cara de tonto con los cochecitos y encima con el compromiso de no saber que decir para no herir (porque encima si le haces ver al hombre que es un cochecito se ofende) al final se llega a la segunda negación. "¿Lo lees y me dices que te parece?" No.

Por último, llegamos ya a la tercera de las negaciones. Y es la que responde a la pregunta de: "¿Cuál es tu poeta preferido?" Esta ya ni la explico. Es como estar en un bar, que digo un bar, una discoteca, qué digo una discoteca, una ciudad, qué digo una ciudad, un mundo, un mundo lleno de cuerpos hermosos y que te digan ¿cuál es tu preferido?, ¿cómo te gustan más? Pues hombre, a lo mejor, que no tiene por qué, en la adolescencia uno puede hacerse un prototipo, un ideal, y decir me gustan más así o asá, pero con la experiencia vital y la madurez sensible, uno acaba comprendiendo el polimorfismo de la belleza, y que un/a rubio/a puede ser más guapo/a que un/a moreno/a, y que un/a moreno/a puede ser más guapo que un/a rubio/a. Que en uno/a es una cosa y en otro/a es otra, y que te puedes enamorar varias veces a lo largo de la vida, y el objeto de deseo de cada vez es diferente, porque la belleza es un poliedro en donde entra en juego una conjunción de astros que son mil factores, y que todo está impregnado en algún punto, aunque sea secreto, por su esencia, y "¿pero cuál es tu poeta preferido?". Pues uno acaba respondiendo directamente: NO. 

En ocasiones, las tres negaciones pueden ocurrir simultáneamente, es en casos del tipo como cuando yo escucho una frase que comienza así: "como dijo el poeta...": no, no y no.

Vale, quizá negando haya algo de traición, al padre, al hijo, al maestro, al hermano, al amigo, al dios, al hombre, pero el lado bueno es que si al negar salva la vida (la salud mental), y eso le permite seguir predicando la doctrina (ejecutándola), pues finalmente ha sido bueno para todos, ¿no?       

Algunas personas nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar del amor