lunes, agosto 23, 2010

Estéticas

Le oía decir una vez a Pepe Hierro que si cogemos la frase de Machado y decimos, poesía es palabra en el tiempo, pues es cierto, pero si le damos la vuelta y decimos, poesía es tiempo en la palabra, pues también es cierto. Al parecer, o al menos así se lo vi contar a Els Joglars, cuando Dalí vio por primera vez el Guernica de Picasso, con su histriónico tono sublime, se giró y exclamó: ¡es la culminación del graffiti!". Pues bien, a mi ese tipo de intercambios en definiciones me parecen la culminación de las verdades poéticas. O sea. Prosigo. Por lo tanto. Oscar Wilde dijo que no existen libros buenos o malos, tan sólo libros bien escritos o mal escritos. Y es verdad. Pero si decimos lo contrario, no existen libros bien escritos o mal escritos, tan sólo libros buenos y libros malos, pues también es verdad. 

En este sentido, Sánchez Ferlosio ha sido considerado siempre un gran escritor. Porque escribía muy bien. Y es verdad. Pero es gran escritor porque escribía muy bien, aunque a mi todos sus libros me hayan parecido siempre muy malos. Pongo también un ejemplo al contrario. Borges comentaba en una ocasión: "dicen que Cervantes no sabía escribir. Y probablemente Quevedo sería capaz de reescribir cualquiera de sus páginas y las mejoraría. Pero, caray, si no saber escribir es escribir el Quijote, ¡pues entonces yo también quiero no saber escribir!". 

En fin, culminaciones de verdades poéticas. Pero a lo que iba, de ese gran escritor que es Ferlosio, que lo es, de cuyos libros no me gusta ninguno, empero, siempre me gustó una frase suya, dicho por cierto a colación del Quijote y en la ceremonia de entrega del premio Cervantes, por si ya eran pocos los retrueques: "toda estética es una antigua ética". Por eso, para superar las éticas que cada momento histórico, época, sociedad, grupúsculo social, cultura, familia o individuo tienen, es decir, para vaciar esas éticas y que puedan dar paso a otras nuevas con la esperanza de que sean superiores, lo mejor es convertir esas éticas en estéticas. Las más gordas y las más flacas. Viceversa, si una estética, que siempre proviene y/o contiene una ética determinada, se modifica, también quedará modificada asta ética. 

En El estilo del mundo, Verdú analiza de manera admirable muchas cosas admirables. Una de la que más me gusta es la evolución de las ciudades. Primero fue la puerta. Las ciudades eran espacios delimitados y así profundamente marcados. Se amurallaban y poseían una puerta de entrada, una gran puerta. Después a esa anatomía la sucedió otra, con la irrupción de los puertos y las estaciones. Por último, un paso más en el eslabón, con la irrupción de las carreteras y los aeropuertos. Y ya tenemos la abolición total de la puerta y el amurallamiento, pues fuera de los carteles con los nombres del territorio en que se entra, lo cierto es que las ciudades están deslimitadas, son como un gran complejo neurológico, muy distantes, pero totalmente comunicadas, como un buen evolucionado cerebro. Yo creo que también es hora de evolucionar las puertas de los espacios privados, comerciales o personales. En el teatro el equivalente a esa puerta es el telón. Cuando se levanta, comienza el espectáculo, la magia artística. En el cine la luz y la oscuridad hacen las veces de telón. En los espacios privados, cuando traspasas la puerta entras en la magia de la concepción mental de esos espacios artesanados por sus habitantes. Menciono ya de paso la teoría de Freud de la casa como útero materno. Pero sólo la menciono. Digamos ahora que queremos modificar ciertas éticas que encierran todas esas estéticas que todos aceptamos como si fueran herencia sociogenética. Modifiquémoslas. Propongo que las puertas de los hogares no se pongan a ras de suelo. Que se sitúen levantadas al menos tres o cuatro palmos del nivel del suelo. Y sin escaleras, por supuesto. Los niños muestran su gran acumulación energética en el salto. Tanta energía no puede reprimirse, y van dando saltos por todos lados. Yo incluso comía mientras daba saltos por doquier de niño, puro mono. Y no soy una raza de uno. Para recordar a nuestro inconsciente que necesitamos entrar en el mundo con toda nuestra energía para actuar sobre él y conseguir los mejores resultados posibles, traspasar el telón mágico que nos hace ingresar en el mundo, puertecita puertecita quién es el más guapo, con un salto. En el regreso, igual. Nuestro espacio merece lo mejor de nosotros, para dar lo mejor, necesitamos entregarnos a él con toda nuestra energía, que nuestro inconsciente lo recuerde con ese salto y ese esfuerzo para entrar de nuevo en el cada vez. Para los niños no será problema esta estética, la adorarán, porque sintonizará perfectamente con su estado vital. Y en cuanto a la senectud, a los ancianos ya delicados de fuerza, o sea energía, a quienes les costará mucho efectuar entradas y salidas, por un lado, así apreciarán lo bien que se está en este mundo. Y de la misma manera, lo bien que se está en lo que uno ha levantado con su esfuerzo y sudor, digamos casa. Y por otro lado, habrá que ayudarles a subir y bajar cada vez. Habrá que ayudarles mucho. Así recibirán grandes muestras de afecto cada vez que vayan o vengan del mundo. Porque los celebramos. 

Por si acaso, como yo aún no tengo los medios como para comenzar modificando la puerta de mi casa, lo hago de otra forma. Desde hace unos días, cada vez que entro y salgo de mi casa al mundo y del mundo a mi casa, lo hago dando un salto. Siendo pura estética. 

Algunas personas nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar del amor