A través de la tarde
llegan a mí los límites precisos de tu cuerpo:
el día, que se pierde en la memoria
la noche, que es un don
los ríos, todos, preparados
para eso que llaman
el sueño de los vivos y los muertos
o más humildemente
una frontera incierta
superior a la guerra
¡Oh luz, oh sed, oh templos
en dónde dijisteis que estaría la llave!
la boca, que es sutil
igual que la moneda
y los tigres.
A estos me remito
hoy, que desnudo encuentro
un pentágono limpio en tu silencio.
sábado, abril 10, 2010
[A través de la tarde]
Publicado por
David Vegue
en
21:15
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