miércoles, mayo 10, 2006

La primera metáfora es el agua

La primera metáfora es el agua.
A través de ella llego hasta mi cuerpo,
esa suma de símbolos.
La segunda metáfora es ya el mar,
verdadero dominio de los que saben mucho.
La tercera metáfora es la nocturnidad,
laberinto sin llamas,
ese lugar sin centro de los muchos metales
(también puente de puentes),
y la cuarta, la llanura
que en nosotros habita como camino que une
a un hombre invisible bebiendo su reflejo
en un agua invisible.
La quinta metáfora ya no existe.
Que la sexta metáfora
sea el vino es un lujo para el hombre,
el vino, donde duermen las noches y los días
cogiéndose la mano.
La séptima metáfora fue hace tiempo el jardín
donde pudo haber visto el tiempo su propio rostro
(y no sus esculturas).
La octava y la novena son la vida
que se detiene en la palabra vida,
acaso son la misma metáfora, pues son muchas muy blancas:
los vuelos de las aves,
el lenguaje, ese don de los esclavos,
los números, auténticos tratados
de belleza maldita,
las manos donde asoman los rostros que ignoramos.
La décima metáfora
son los objetos, sueños musicales
que conocen el hielo y no lo saben,
que transportan en cubos todas esas montañas que regula el horizonte
En este punto vida y muerte se confunden.
Es ésta la metáfora que sigue
a todas las demás, que nunca acaban
salvo en la gloria de una mano abierta
al azul que reside entre las piedras
o al olor que repite (de otra forma)
la rosa sobre el aire,
y al ganado que forma el sueño de las luces
y a la manzana que domina un templo
improvisado o de agua
y a la estatua que sale (sin saber hacia adónde)
del sueño para siempre,
y a la tuerca que nace en la palabra luz
y al ángel que en la sombra
responde a la palabra libertad
y a la fuente que exhibe jeroglíficos
sin letras. Dos metáforas
de metáforas van cerciorando esta suma:
la vida, esa metáfora del mundo, ya su inversa
el mundo, esa metáfora curvada de la vida.
Son catorce metáforas, y esto es tan cierto como
que la sangre es la espada del agua, o que el camino
más corto entre dos árboles procede de la lluvia.
Son catorce metáforas.
Y la última metáfora es tu nombre.

1 comentario:

Cristina dijo...

La primera metáfora es el agua, y la sexta el vino. He aquí un deseo cosmológico: que sea la copa de nuestros cuerpos (recipiente que nos da forma desde su inmaterialidad)acuática y vinosa. Que la tomemos como se toma el agua para beber en una fuente: con las manos mirando las estrellas, configurando la redondez del absoluto. Que la bebamos como se bebe el vino de los rituales: desde la palabra sacra y su fonética embriagadora, desde el sueño de la asimilación sanguínea. Que sean catorce las copas templadas, catorce sombreros de copa en la copa de nuestro árbol, y catorce las síncopas musicales, nunca gramaticales, del blues de cada día.

Algunas personas nunca se habrían enamorado si no hubieran oído hablar del amor